El Mediterráneo, cuna de culturas milenarias, ha sido siempre una de mis referencias gastronómicas. No importa que viaje a países nórdicos, asiáticos, anglosajones o australes, siempre tira de mí esos platos sanos y esos ingredientes tan típicos, entre los que destaca su rey: el aceite de oliva.
La cuenca mediterránea ha tenido en común, principalmente, su clima y un mar que ha permitido un intercambio de recetas e ingredientes que pocas veces se han visto en otros lugares del mundo. El hecho de convivir tres religiones ha añadido diversidad y ha conllevado un enriquecimiento gastronómico.
Esta comida se basa principalmente en ingredientes como el aceite de oliva, mucho pescado y mariscos, frutas, verduras, carne de cerdo y cordero, y una amplia gama de especias y condimentos.
La cocina griega nunca me ha atraído especialmente. Hermano pobre de la cuenca mediterránea, sus platos se basan principalmente en el feta (queso de oveja), las patatas, berenjenas, tomate, tomates y carne de cordero. El problema es que a menudo son difíciles de comparar a las sutilezas de la cocina norte-africana, libanesa o egípcia, con la que comparte ingredientes y platos, pero con menos riqueza y variedad. A pesar de todo, es una cocina con personalidad que merece la pena ser descubierta.
Estuve hace poco en un restaurante griego que me ha convencido. El Mythos
es un restaurante griego con ambiente claramente griego. Las mesas se sitúan principalmente en el sótano, decorado con columnas, colores vivos y algunas viñas.
La atención al cliente dejó un poco a desear. Los camareros (brasileños, no griegos) casi nos echaron la bronca cuando les pedimos una mesa extra para invitados de última hora, y tuvieron a veces respuestas un poco agresivas a mi gusto. Sin embargo, hay que decir que fueron educados, atentos, eficaces y rápidos.
El menú era muy variado. Pedimos platos de degustación, uno de entrantes y otros cuatro como plato principal. La comida fue variada, con carnes, dips, verduras, moussaka, tsatsiki, tiropitalkia y otros platos típicos del lugar. Las porciones fueron más que satisfactorias, tanto por lo abundante como por la variedad, aunque hay que tener cuidado con estos platos, pues varios de los platos a degustar se repitieron en sus contenidos.
Los postres tenían una clara connotación árabe, como la baklava, con milhojas, miel y frutos secos, o el yogur griego, con nueces y miel.
El precio es muy asequible. Pagamos 27€ por una comida gargantuesca, con vino y bebidas a profusión.
Como conclusión, es un restaurante al que volveré, que sin ser incomparable es ideal para dar un toque de exotismo a cenas con amigos muy poco aventureros, o sencillamente para una cena improvisada entre amigos.
La dirección (ver mapa):
Mythos
Restaurante griego
C/ Apodaca, 20
28004 Madrid
España
Metro Tribunal
Tel: 91 448 73 96

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Ayer cené en el Moharaj. Pero no en el
Siempre me ha gustado leer en el idioma original. Los libros franceses los leo en francés, los españoles en español, los ingleses en inglés, y los otros según el país en que me encuentre.
Justo he acabado de leer La sombra del viento de Carlos Ruiz Zafón, novela escrita en 2001 y que lleva a día de hoy unos 7 millones de ejemplares vendidos en 36 idiomas.
He comido hoy en un (otro!) restaurante japonés. La verdad es que, cuando llegué a Madrid, nunca esperé encontrarme tal número de restaurantes japoneses. Siempre vi esta cocina como algo un poco marginal, para conocedores. Pero no, la cocina japonesa ha hecho un espacio en el corazón de los españoles.
Estoy constantemente a la búsqueda de nuevos sabores y experiencias. Principalmente culinarias, he de confesar. He encontrado en Madrid buenos restaurantes africanos, japoneses, chinos, gallegos, asturianos, de fusión… y uno de los que me faltaban hace poco eran el coreano y el tailandés. La buena noticia es que este último ya lo he encontrado.
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