No voy a engañar, esta receta no es mía, como muchas de las que expongo aquí. Los genios inventan, y los demás imitamos e intentamos mejorar. Sin embargo, es tan fácil y tan buena que la voy a poner aquí.
Lo primero, la autoria. Esta receta es de Chez Pim, un blog en ingles que leo de vez en cuando y que me gusta bastante. No esta especialmente orientado a recetas, sino que trata de muchos otros temas. Aunque de vez en cuando hay verdaderas pequeñas joyitas, como esta. Eso si, las recetas están presentadas de forma poco esquemática, casi como si te la contaran de boquilla, lo que hace de su lectura a veces una empresa complicada.
La verdad es que esta receta resuelve uno de los grandes problemas a los que me he enfrentado al hacer salsas de tomate: lo liquidas que suelen quedar. En general suelo dejar cocer a fuego muy suave la salsa durante varias horas, de forma que casi se confiten, aunque en este caso el objetivo es todo el contrario, que el tomate quede bastante crudo, aprovechando así su sabor mas natural.
Se degusta como cualquier otra salsa de tomate. Se puede utilizar como base para salsas mas complicadas, como una lasaña o boloñesa, o sencillamente mezclada con un poco de albahaca cortada en trozos (con los dedos, no con cuchillo!) y un buen chorro de aceite de oliva virgen por encima. Bueno, pues aquí viene lo interesante, la receta.
Ingredientes (4 personas):
- 2,5 kg de tomates frescos
- Aceite de oliva
- 2 dientes de ajo
- Azúcar
- Vinagre de módena
- Pimienta y sal
Preparación:
- Lo primero es pelar los tomates. Nada mas fácil. Se hace una cruz en la parte de atrás del tomate con un cuchillo afilado, poco profunda pues basta con cortar la piel. Se añaden los tomates a una cacerola con agua hirviendo y se dejan unos minutos. Se pasan los tomates a un recipiente con agua fría (mas que nada para no quemarse…) y la piel saldrá sola. Se quita también la corona del tomate y se escurre, no demasiado, para quitar las semillas.


- Se aplastan entonces los tomates con las manos. Para hacer esto basta con coger los tomates a puñados y apretar fuerte hasta que se rompan entre nuestros dedos. Si lo hacemos lo suficiente deberían quedar en trozos relativamente pequeños lejos de la textura del puré.
- Se pone a calentar en una sartén un buen chorro de aceite de oliva y se añade el ajo picado. En cuanto esté un poco dorado, se añade la pulpa de tomate y dejar cocer 2-3 minutos hasta que la pulpa se resquebraje o haya soltado liquido.
- Se saca la pulpa de la sartén con una espumadera, se verifica la sazón, se añade algo de vinagre si fuera necesario realzar el sabor, algo de azúcar para reducir la acidez y se deja reducir el liquido unos 2 o 3 minutos, hasta que espese.
- Se vuelve aponer la pulpa, se mezcla bien, se salpimenta a gusto, se añade otro poco de aceite de oliva y algo de vinagre si fuera menester y se deja otro par de minutos.








Comentarios:
- Se puede reutilizar el agua con el que se ha hervido el tomate para pelarlo, y utilizarla para la pasta. No se si dará mucho sabor, pero algo seguro que tiene que dar
- Naturalmente, la salsa sale mejor con tomates maduros. Es mas, mejor maduros de mas que de menos.
- No se si se puede hacer conservas con esta salsa. Mejor no intentarlo, pues dudo que tenga el grado de acidez y cocción necesarios…

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El sábado pasado fue el cumpleaños de un amigo y, para celebrarlo, nos invito a unas copitas. Siendo un madrileño de toda la vida y con una forma de vida algo nómada y alternativa decidió llevarnos a La Latina. Pero no a un bar del estilo del Viajero, caro, siempre lleno y para gente “guay”. Nos llevo a un pequeño bar escondido detrás del Mercado de la Cebada, en una de sus calles perpendiculares, donde probablemente nunca hubiera pasado sino. La imagen del bonito letrero que cuelga en la entrada de este bar traiciona su nombre:
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