Hace ya un tiempo que no comparto ningún restaurante por estos lares. No es tanto por la ausencia de sitios sobre los que comentar, sino desgraciadamente por falta de tiempo y exceso de trabajo. Pero vamos, hoy he decidido aprovechar las maravillosas vistas que tengo sobre unas montanas nevadas a varios kilómetros de altura (viajar en Business inspira a cualquiera…) para resarcirme de con unos amigos y un restaurante, cuando menos, original y delicioso.
Sabiendo mi gusto por la comida exótica y los orígenes de mi mujer, hacia ya bastantes meses que una pareja de amigos me estaba insistiendo para que pasase a probar un restaurante japonés situado cerca de su casa. Y probablemente lo hubiéramos hecho antes si no fuera por un pequeño detalle: viven en El Escorial. Son una parejita mixta, de español y francesa, que se conocieron en un lugar de África que muchos definirían como “el culo del mundo”, pero del cual ellos se encandilaron. Eso hace que tengan un espíritu mucho mas abierto que muchos españoles para esto de la gastronomía, lo que he de confesar que, junto a muchas otras cualidades, me acerca mucho a ellos.
El Escorial es una ciudad preciosa que todo el mundo debería visitar alguna vez en su vida. El Monasterio que tiene es una de las maravillas del mundo, y proyecta toda la majestuosidad de su creador, Felipe II, el Rey que domino a todo su mundo conocido y sobre cuyos territorios nunca se acostaba el Sol. Fue durante la época dorada del Reyno de Espanya, que perdimos hace mucho tiempo pero que recuperaremos algún día.
El problema es que ir al Escorial para cenar no es algo que se decida en unos minutos. Para los que no tenemos coche representa una pequeña aventura: Hay que coordinarse con los horarios de autobús de ida y vuelta, se tarda una horita en ir y otra para volver, tienen que venir a buscarte los colegas… en fin, que tuve que planificarlo con una semana para tomar la decisión de ir al famoso restaurante.
Pero dejemos de lado las introducciones interminables y pasemos al tema principal de este post, la Taberna Yamaoka, cocina japonesa.
La Taberna Yamaoka es un pequeño local situado en una de las múltiples cuestas del Escorial, cerca del mencionado Monasterio, que sin tener grandes pretensiones intenta ser un restaurante japonés original y centro cultural de diversa índole.
El dueño, Yamaoka-san, es un artista que emigro desde Japón a España hace ya un buen puñado de años con el objetivo de encontrar inspiración. Le gusto tanto que no se ha vuelto a marchar. Con un español aproximativo nos explica que hace todo tipo de arte, desde pinturas hasta esculturas, además de haber decorado el mismo su local. Es un experto en colores, extremadamente sensible a sus diferencias, y capaz de mezclar las diferentes pinturas hasta encontrar el punto deseado. Donde un profano como yo ve un gris estándar, el discierne los ligeros tintes violeta y esos delicados reflejos verdes frutos de una sabia mezcla y de mucha paciencia.
Y es que el restaurante en si es una obra de arte. Cuelgan luces, firmas cubren las paredes, y cuadros esotéricos cuelgan de sus muros. Y aunque no siempre se pueda apreciar el arte en algunas de sus obras, el hecho es que todos esos detalles, de los cuales el dueño esta sumamente orgulloso, dan al local un aire sumamente original.

Me cuenta la parejita que además el local en verano abre su terraza y organiza conciertos de Jazz al aire libre, a menudo acompañados de un buffet o cerveza japonesa. El dueño artista decide invitar a diferentes grupos que se dedican a tocar en la suave tarde del verano del Escorial, donde muchos madrileños escapan del bochorno de la capital.
El local tiene un menú bastante limitado. Sorprende la ausencia de clásicos como los ramen o los fideos soba, y sorprende el uso anunciado de algunos ingredientes, lejos de la gastronomía tradicional japonesa. Se relativiza cuando se entiende el objetivo del local, ser una taberna con una oferta limitada pero de calidad, donde poder tomarse una copita y ofreciendo comida tradicional japonesa adaptada a los ingredientes locales y a la imaginación del dueño. Pero cuidado, nada de cocina fusión, eso es para los que quieren cobrar de mas, la cocina es sencillamente, según Yamaoka-san, “lo que yo imagino”.
¿Y que imagina Yamaoka-san? Pues un menú degustación.
De primero una ensaladita con algas, fideos de arroz, pepino y una verdura muy de por aquí, canonigo, aderezado con una vinagreta a base de vinagre de arroz y miso.

De segundo, un sushi de atún con base de guacamole. En realidad era sencillamente atún con aguacate y algo de sésamo y wasabi, una mezcla que suele formar la base de algunas versiones del California roll, pero que mezcla dos alimentos grasos a priori, el aguacate y el atún, cuyos sabores se complementan estupendamente. El arroz también estaba bien hecho, cosa no siempre habitual.

Le siguió una brocheta de pollo, llamada yakitori, pero que sustituyo (o complemento) la tradicional salsa dulce con salsa de okonomiyaki. Lo acompañaba además con unos fideos de arroz, un infierno para coger con palillos en un plato. Como nos dijo el cocinero, hay que comerlos calientes o pierde mucho de su encanto.

También tomamos un sashimi de ternera. Es carne cruda, pasada rápidamente por la plancha con un chorrito de aceite de sésamo y algo de vinagreta. Sencillo pero muy bueno.

Los tempuras, sin ser los mejores que he visto, estaban muy buenos, con verduras muy frescas y de una consistencia estupenda. Y es que es muy difícil conseguir un tempura de calidad, donde no solo cuenta el sabor, sino también la apariencia, menos rebozada y mas crujiente. Dejémoslo en que, sin llegar al sobresaliente, se quedo en un notable alto.

Hubo también unas gyoza de carne de cerdo con una salsa de miso (creo). No tenían la forma tradicional de las gyoza, sino que se parecían mas a esos dim-sung en forma de bolsita. La verdad es que estuvieron deliciosos.
De postre he de confesar que no me acuerdo de lo que hubo, pues la cena fue hace ya un tiempo, pero recuerdo que fue un postre poco habitual y muy exótico hubo una tradicional tarta de chocolate junto con una deliciosa tarta de te verde (matcha) y un helado de sesamo negro, todo delicioso (gracias por el recordatorio, Sergi
o!).
El menú degustación, sin ser excesivo, es abundante, y llenaría a cualquier persona normal. Dicho esto, no soy normal, y además no había desayunado ni comido, por lo que me quede con hambre. Así que pedí unas gyozas extras, esta vez mixtas de gambas y cerdo, y unos maki de atún. Y esta fue la nota ligeramente disonante de la tarde. Las gyoza estaban todavía un poco crudas, y los maki confirmaron la tendencia del cocinero (español, por cierto) a echarle demasiado wasabi a los platos que lo llevan, con la diferencia de que lo ligeramente excesivo se convirtió en claramente excesivo.
El personal es atento y a veces bastante familiar, lo que no deja de ser normal en un restaurante que se dice taberna. El dueño del bar nos dio una larga conversación, el camarero se permitió algo de humor, y el cocinero se intereso por nuestra opinión, todo ello siempre un detalle agradable.
Tampoco recuerdo el precio exacto, pero me pareció muy razonable, sobre todo para un japonés, rondando los 30-35€. El precio del menu era, en efecto, solamente 20€, teniendo que pagar la bebida aparte. Tuvieron además la amabilidad de no cobrarme extra pues “con el menú degustación no se puede quedar uno con hambre”, a pesar de que insistiese. Creo que les debían un favor a mis amigos, pero incluso así es un gran detalle.
Si tuviera que describir el sitio en una sola (aunque larga) frase diría que es un lugar sin excesivas pretensiones, consciente de sus limitaciones, que se pretende un centro cultural y gastronómico en un pueblo de Madrid y que, gracias a la simpatía del servicio y a su cocina limitada pero exótica, de alta calidad y precio razonable, cumple perfectamente e incluso supera sus objetivos. En resumen, un gran descubrimiento.
Taberna Yamaoka (ver mapa)
C/ Pozas, 31
San Lorenzo de El Escorial
España
Tel: 91 890 58 28
email: tabernayamaoka@gmail.com
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