Hacía ya un tiempo que no probaba algún chino nuevo, por lo que la llegada de mis padres fue el momento ideal para hacerlo. Coincidió además con un artículo de el País en el que Elvira Navarro, una pseudo-escritora, habla de los Manjares chinos ocultos en Madrid.
¡Y vaya si habla! Cito del artículo:
- “La cocina china [...] combina armónicamente los alimentos según sean yin o yang para cuidar de la salud“. ,
- “Imprescindible probar el canelón de gambas con pasta de arroz, de sabor y textura sexual.”
Y yo que pensaba que el ser escritor no daba licencia para escribir soberanas tonterías…
En fin, el caso es que las recomendaciones que hace no son malas. Por ejemplo habla del Nihao, o el Buen Gusto, restaurantes de los que ya he hablado con anterioridad, así como el Bar China, el restaurante chino de los bajos de la Plaza de España, en el que ya he tenido el placer de comer. Una de estas recomendaciones era el Rey de los Tallarines. Y en cuanto lo vi supe que era el que íbamos a probar.

Ya había oído hablar de este mítico restaurante. Aparentemente hacían ellos mismos los tallarines de un día para otro, y eran sin duda los mejores de Madrid. Tenía a este restaurante en un lugar mítico del imaginario colectivo, pues un par de veces que lo había buscado nunca lo había encontrado. Pero esta vez me preparé bien, e iba con la ayuda de mi familia!
Hay que tener cuidado de no meterse en alguno de los chinos que lo rodean, y llegar a este escaparate donde se indica claramente que se ha llegado al lugar adecuado. Al entrar nada lo distingue a priori de un restaurante cualquiera, sino es por esa montaña de masa que está trabajando un cocinero: hemos llegado a buen puerto.
Pero eso no es lo único que da buen augurio. La montaña de carne picada especiada que se está convirtiendo delante de nuestros ojos en futuro dim sun deja adivinar lo que después confirmarán mis preguntas inquisitorias: aquí no sólo se preparan a mano los tallarines, se prepara todo a mano.
Al abrir el menú se observa una variedad de platos entre los que elegir, la mayoría bastante clásicos, aunque nosotros sabemos a lo que vamos: los tallarines. Y lo tenemos tan claro que pedimos uno de cada: con mariscos, con pato, con verduras, con gambas y con ternera.
Para acompañar a estas delicias, pedimos diferentes entrantes, como sopa agripicante, dim sun variados, rollitos de primavera, wun-tun fritos y gambas fritas.
Ojo, no hay que fiarse de lo que pone en el menú: no es comida de Singapur. De hecho, ninguno de los cocineros o camareros es de Singapur. Sencillamente el dueño vivió allí algún tiempo y le hizo gracia decir que la comida era de allí. Según un camarero al que le hice la pregunta en el fondo da igual, la comida china es eso, china, y las diferencias en el fondo son tonterías, porque en todos los sitios se come igual, no? Sic…
Pero vayamos por partes, como dijo Jack.
- La sopa, sin estar mala, era muy estandar. De sabor a pimiento muy fuerte, no me convenció demasiado.
- Los wun-tun fritos… esos sí que estaban buenos! Un plato obligado.
- Los dim sun estaban generalmente buenos, unos más que otros, aunque me gustó especialmente uno hecho de una especie de pasta blanca rellena de verduras y algo de carne. Delicioso!
- Las gambas estaban buenas. Eran las típicas gambas rebozadas que se encuentran en todos los chinos, pero bien hechas.
- Lo mismo podría decir de los rollitos de primavera. Pero es que tampoco soy un fan de rollitos de primavera, por lo que mi opinión está sesgada.


Pero los tallarines… aaaahhhh eso es otra historia! Se notan que se han hecho a mano, la pasta es algo más parda pero con un sabor mucho más bueno. Cocidos en su punto, todos tenían la misma base, y se diferenciaban sobre todo en los acompañamientos. Se parecen tanto que, cuando le pedimos al camarero los restos para llevárnoslos (nos lo propuso el, eh…) pues las juntó todas tal cual, y al día siguiente siguieron igual de buenas.Quedaron bien de grasa, justo la suficiente para pasarlas por el wok, y no resultaron nada pesadas.
- Los tallarines de gambas estaban bien acompañados. Las gambas eran abundantes y estaban bastante buenas, de calidad más que aceptable.
- Los tallarines de marisco no merecen la pena. Se parecen demasiado al de gambas, y cambia un par de calamares, mejillones y poco más.
- Los tallarines de verduras tenían eso… verduras. Resultan seguramente más ligeras que las otras variantes, aunque desde mi punto de vista no se podían comparar con…
- los tallarines de pato. Buf… de lejos mis preferidos. El pato estaba delicioso, cocido justo en su punto, de sabor intenso y tierno como el solo. Si vuelvo a ir, me pido ese sin dudarlo.
- Los tallarines de ternera estaban también buenos, con la carne cortada en tiritas, aunque no fueron los que más me gustaron.
Resumiendo, me quedo con los de verduras y los de pato, aunque los otros estén también buenos.

Para beber lo acompañamos de cerveza y te. Pero no os hagáis ilusiones, este restaurante no es como los otros chinos, en los que se pide te y te traen una tetera entera para ti solo. Aquí el te es de sobre, y no da para mucho más que taza y media…
El servicio fue… curioso. Una de las camareras parecía simpática, pero resultó ser bastante borde. Servía los platos casi lanzándolos sobre la mesa, no sonreía para nada y casi no nos hacía caso. El otro camarero, que al principio pareció también muy borde, se puso finalmente a conversar con nosotros cuando conseguí hacerle romper el hielo. Pero costó! Le hice un par de preguntas sobre lo que hacían a mano, si eran de Singapur como dejaba adivinar el menú, en las que nos dio largas de forma algo seca. Sin embargo, al rato volvió y se puso a charlar con nosotros, contándonos las cosillas antes comentadas, e incluso permitiéndose alguna broma y algún comentario sobre las diferencias entre mujeres españolas y asiáticas. Resultó agradable.
El precio estuvo también muy bien. Unos 20€ por persona, pero teniendo en cuenta que en mi familia comemos mucho y que sobró algo de comida. Vamos, que es un sitio barato acorde con el local.
El sabor de boca que nos dejó el restaurante es positivo, y volveremos algún día, aunque seguramente no será tan a menudo como a otros de los que somos habituales, más que nada porque ahí iría con un objetivo muy claro, comer tallarines.
El Rey de los Tallarines (ver mapa)
C/ Plaza del Conde de Toreno, 2
28015 Madrid
España
Tel: 91 542 68 97
Metro Plaza de España
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