Las pastas tienen la ventaja de que son relativamente fáciles de hacer, por lo que fue una de mis primeras experiencias culinarias. A ello me inició un vecino Italiano – de Sicilia, para ser más preciso – a través de recetas muy sencillas, como pueden ser la de aglio, olio e peperoncino que consiste en freír en buen aceite de oliva ajo y guindilla, o la que es en parte la base de esta receta, la de spaguetti a le vongole, que consiste en freír ajo, abrir una lata de berberechos y añadirle algo de perejil.
Esta receta es el resultado de mezclar diferentes influencias, la primera es la antes mencionada, la segunda es una receta que viene – curiosamente – de Japón. Me la hizo por primera vez mi mujer. No me acuerdo como era, para ser sincero, pero si me acuerdo que tenía la tinta de calamares como uno de sus ingredientes, y que me recordaba ese sabor de mi infancia y parte de mi vida de estudiante que era el de la lata. Mi mujer, sin embargo, me mostró la importancia de los ingredientes frescos. Sí, puede parecer de cajón, pero sin embargo seguía asociando esta receta a la lata. Le añadí finalmente ciertos toques que he ido encontrando aquí y allá en mis numerosos viajes internáuticos a través blogs de cocina, como puede ser el toque final de tomate frito.
Ah… pero hablemos del tomate frito. ¿Cuanta gente lo toma como algo normal? Pues no es normal, es excepcional, y prácticamente se encuentra solo en España. Y sin embargo el tomate frito no es más que tomate que se ha freído – duh… – con un toque de ajo y cebolla. Es algo tan básico que siempre sorprende el no encontrarlo en el extranjero. Y sin embargo tengo amigos que viajan a ver a familiares en el extranjero con maletas cargadas de este ingrediente… bueno, y de aceite de oliva, pero eso va por descontado
Ingredientes:
No voy a dar cantidades para los ingredientes por dos razones: la primera es que no me acuerdo de cuales utilicé para esta receta, y la segunda es que lo hago todo a ojo, usando la prueba de la cuchara: cojo una cucharita, lo pruebo y si me gusta es que está bien.
Las cantidades que utilicé se pueden estimar en la foto. Para dar una idea, pues no siempre es fácil así a frío, utilicé dos bolsitas de tinta, dos puñados de chirlas, y tres de calamares y gambas. Pero se puede modificar sin ningún problema las cantidades, e incluso añadirle ingredientes a gusto: rape,…
- Vino blanco
- Tomate frito
- Ajo
- Aros de calamares, pota, sepia o lo que se tenga
- Gambas
- Chirlas, berberechos o almejas
- Tinta de calamar
- Perejil
- Aceite de oliva
- Sal y pimienta
- Espaguettis
Preparación:
- Se pone a calentar una sartén con un chorrito de aceite, y se fríen los calamares con un poco de sal y pimienta.


- Una vez cocidos, se sacan del fuego y se fríen las gambas hasta que estén bastante hechas – pero no del todo. Se retiran las gambas de la sartén.
- Mientras tanto se limpian bien las chirlas/almejas/lo que sea y se añaden a la sartén con un chorrito de vino blanco.


- Se dejan a fuego medio hasta que las chirlas empiecen a abrirse poco a poco, como se puede observar en la imagen superior. Si por cualquier cosa se evaporase todo el líquido, no hay que dudar a echarle otro chorreón de vino.
- Una vez listas las chirlas, se vuelve a poner en la sartén el calamar y las gambas. Se añade perejil y un chorro de tomate y se mezcla bien.


- Una vez bien mezclado y el tomate caliente, se añade la tinta del calamar (que se habrá disuelto previamente en un poco de vino) y se deja cocer hasta que los diferentes ingredientes estén en su punto.

- Basta entonces con añadir esta salsa a la pasta para obtener un delicioso plato de espaguettis a la marinera.

Comentarios:
- Por favor, comprad una buena marca de pasta… no sabéis la cantidad de maravillosas salsas de pasta que he probado que se han visto arruinadas por una pasta mediocre. Si se está mal de dinero se puede ahorrar en las gambas, pero no en la pasta.
- Se puede añadir pescado a esta receta, siguiendo la misma lógica. Se fríe aparte y se añade a la mezcla final.
- Me gusta en general añadir algo de picante, como una guindillita pequeña o algo de cayena. Pero sin pasarse, que se puede matar el gusto del marisco.

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