Ayer fue el cumpleaños de mi hermano, por lo que fuimos a celebrarlo por todo lo grande. Le apetecía un buen restaurante japonés, aunque he de confesar que estaba un poco cansado del Janatomo… es un restaurante que está muy bien, pero siempre acabamos pidiendo el menú, y se me hace bastante repetitivo. Me acordé entonces de la conversación que había tenido con un compañero que me decía que no iba al japonés porque su (futura) mujer no le gustaba el pescado crudo. Le había comentado que la comida japonesa era mucho más diversa que eso, y me referí a un restaurante en el que había estado hace tiempo y que me gustó por su autenticidad. Tras comentárselo a mi hermano, fue el restaurante que elegimos para tan magno evento.

El Ichiban es un restaurante que apunta maneras. Su nombre significa algo así como “el primero” o “número uno”. Se distingue de los restaurantes más tradicionales por su teppanyaki (鉄板焼き), un estilo de comida japonesa que se caracteriza por el uso de la plancha (teppan, o 鉄板). Aparentemente, el teppanyaki tal como lo conocemos los europeos, no es un estilo realmente tradicional, pues originó en 1945 cuando un chef japonés – que trabajaba en el Misono – decidió preparar comida de influencia europea en un teppan. Se dio cuenta de que la comida interesaba principalmente a extranjeros, que disfrutaban del lado artístico de la preparación así como de la familiaridad de los ingredientes, diferentes de la comida tradicional japonesa. Tuvo tanto éxito que rápidamente se extendió alrededor del mundo. A pesar de eso, en Japón teppanyaki se utiliza también para los platos que utilizan el teppan, como puede ser el konomiyaki, yakisoba o monjayaki, platos tradicionales de la gastronomía japonesa.

Personalmente no había probado nunca el teppanyaki. Bueno… sí, en su forma más tradicional, como puede ser monja, okonomiyaki y yakisoba. Conocía también los grills tradicionales de los bares de copas con sus yakitori, así como el yakiniku, un tipo de barbacoa japonesa, pero me faltaba esa experiencia. Bueno, pues puedo decir que puede que no sea lo más tradicional de la comida japonesa, pero es extremadamente divertido, impresionante y bueno.
El restaurante está algo escondido en una bocacalle de Alberto Alcocer, justo con un Deutsche Bank en la esquina. Es un restaurante elegante, de los que se sabe que van a ser más caros de lo habitual. No es un restaurante japonés operado por japoneses, sino más bien como el Yamate, que sirven comida japonesa pero tanto los camareros como los cocineros son chinos. En el fondo qué más da… mientras la comida esté buena, claro.
Nos instalamos en frente de la plancha y empezamos con unos entrantes mientras leíamos la carta. Lo que, sea dicho de paso, preocupó al camarero, que nos preguntó un “Pero vais a pedir platos de plancha, ¿verdad?”. Sí, sí, tranquilo, que eso también lo vamos a pedir. Los entrantes fueron los siguientes:
- Ika-natto: Una mezcla de calamar crudo con natto – semillas de soja fermentadas – y un poco de salsa de soja. No soy un fan de natto, nada más lejos de la realidad, pero la variedad utilizada para este plato – o para otro de mis favoritos, el maguro-natto que se hace con atún crudo – es más suave que la que se toma normalmente. El sabor es… curioso, pero la última vez que lo probaron mis amigos (que nunca han estado en Japón) les gustó. En cualquier caso, este sí que es un clásico, aunque es tal vez un mal ejemplo para empezar a convencer a la mujer de mi amigo…
- Nasa no dengaku: Es sencillamente una berenjena al horno con una salsa de miso por encima. Sencillo pero delicioso. Y cocinado.
- Unagi-don: Un cuenco de arroz cubierto de unagi – anguila en español. La anguila es considerada una delicatessen en Japón, y hay regiones enteras famosas por este plato. La anguila estaba buena, cubierta con una salsa dulce y espesa. El arroz sin embargo… no sé si se confundieron, pero pusieron arroz con vinagre, más bien utilizado para los sushis. Personalmente no me importó tanto, pero para mi mujer fue toda una tragedia.


- Higa yakko: Este es un plato muy sencillo de preparar en casa. Si se tienen los ingredientes adecuados, claro. Es sencillamente tofu con un chorrito de soja por encima, algo de jengibre, cebolleta y katsuobushi – atún seco cortado en tiras muy finas.

Para ser entrantes, fueron entrantes consecuentes. Pero tuvimos el placer de ver como preparaba, limpiaba y calentaba el cocinero la plancha. La verdad es que se vio en seguida que el cocinero no era japonés. Y no solo por la cara. Tenía en efecto una cinta en la frente con la bandera de Japón y la palabra 神風 – kamikaze. Si bien el concepto de kamikaze en Japón es el tradicional del Dios del Viento que salvó la isla de las invasiones mongolas – en Japón se llamaba a los kamikazes durante la guerra tokubetsu kōgeki tai o tokkōtai (特攻隊), unidades especiales de ataque. Un japonés no se pondría nunca una cinta así, principalmente porque le daría la impresión de estar haciendo el ridículo. Curiosamente no les importa pasearse con un uniforme de las SS para disfrazarse, pero no se pondrían ropa con la bandera imperial, como se ve en Europa con frecuencia. Para todo lo que toca a la Segunda Guerra Mundial les afecta mucho más los símbolos relacionados con el frente del pacífico, para ellos los nazis fueron algo muy lejano, de la misma forma que para nosotros el frente del Pacífico es prácticamente desconocido.
Pedimos diferentes platos para el teppanyaki:
Teppan kamo:Es una pechuga de pato preparada con salsa de soja y un tipo de licor que no fui capaz de reconocer. El pato no es un ingrediente típico de la comida japonesa, aunque se encuentra en algunos platos, como puede ser este o en sashimi, acompañado de limón y jengibre.
Surtido de pescados y mariscos:Compuesto de un poco de todo, cangrejos con una piel tan flexible que se puede comer, langostinos, mero, salmón, vieiras,… los hace a la plancha, con una salsa especial para algunos de los pescados. Algunos los acompaña algunos con una mezcla de mantequilla, aceite y cebollino, otros con una mezcla de soja y limón,… pero a pesar de eso, los pescados guardan todo su sabor. La materia prima estaba fresca, y el pescado en su punto.
Yakisoba: Este plato es uno de los grandes inventos japoneses. Acompaña invariablemente toda barbacoa japonesa que se respete. Tienen unas planchas especiales – aunque también lo he visto hacer en sartenes – que se ponen encima de la barbacoa y en las que se hace este plato. Típicamente se vende en kits listos para preparar, con sus fideos y su salsa. El cocinero – o más comunmente el encargado de la barbacoa – pone algunas verduras, trozos de carne que hayan sobrado de la barbacoa, y fríe todo junto durante un rato. Basta con añadir durante un minuto o dos los tallarines para obtener un delicioso plato de fín de comida. El resultado es sencillo pero sorprendente, y una gran forma de concluir una barbacoa – junto a los plátanos rellenos de chocolate, claro.
En el teppanyaki se paga no solo la comida, sino también el espectáculo. El cocinero es un artista tanto del cuchillo, como de los utensilios que utiliza para cocinar, e incluso de los condimentos. Era increíble ver como movía las manos, los malabarismos que hacía, la rapidez con la que cortaba, partía huevos, mezclaba… En un momento dado, incluso cortó trozos de tortilla y nos los lanzó a la boca con sus instrumentos de cocina, encestando en casi todos sus intentos – los que falló fue principalmente debido a receptores patosos. La pena fue que al estar el restaurante relativamente vacío, el espectáculo fue de relativamente corta duración.


La verdad es que existe la opción de pedir diferentes menús teppanyaki, pero optamos por pedir por separado, y esto por dos razones: me niego a pagar 5€ por una sopa de miso que me puedo hacer en casa en cualquier momento, y la variedad de los menús era relativa. Acabamos perfectamente satisfechos de nuestra elección, pues comimos suficiente, más auténtico y más barato. En efecto, las cantidades fueron muy razonables y, si hubiera podido compartir otro plato más, tampoco lo consideré necesario.
Los camareros y el cocinero fueron simpáticos y atentos, y el servicio fue bueno – quitando alguna confusión, como traer Asahi en vez de Kirin. El ambiente es agradable, entre otras cosas debido a lo tranquilo del restaurante, aunque a veces los camareros tenían una tendencia a meternos prisa al elegir que no me acabó de convencer. Pero esto se soluciona con una sonrisa y continuando la conversación.
La dolorosa fue aceptable. Sin ser un restaurante barato – unos 40€ por persona – es un precio que estoy dispuesto a pagar de vez en cuando para comida que considero de calidad.
Como he dicho, es un restaurante al que me gustó volver. Creo que por ahora es uno de los mejores que he probado, y si el Janatomo es donde llevo a mis amigos cuando quiero iniciarles a la comida japonesa, el Ichiban es donde voy a llevarles cuando quieran descubrir cosas diferentes.
Restaurante Ichiban (ver mapa):
Avenida Alberto Alcocer 22
28036 Madrid
España
Tel: 91 457 07 83
Metro Cuzco
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